Lo que para muchos es una profesión soñada, en Afganistán puede convertirse en un motivo de condena. Mujeres que cantan, actúan, trabajan como modelos o dirigen películas desafían unos límites cada vez más difíciles de ignorar. Y detrás de cada una de ellas hay una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando ejercer tu profesión significa enfrentarte al poder religioso?